Estoy aquí para presentarles a mi buen amigo Mau.
Corría el año 2000 cuando entré a la prepa y coincidió que el Mau también y en el mismo salón que yo. No fue amistad a primera vista, él se llevaba con los relajientos mientras que yo era más tranquila y gustaba de quedarme a ñoñear mientras él hacía locuras.
En tercer semestre me empecé a sentar junto a él y así fue hasta terminar la prepa. Recuerdo que todos los días me hacía reír con alguna ocurrencia como cantar canciones de Paquita la del Barrio hasta el punto en que yo ya me sabía toda la letra de "Me saludas a la tuya".
Y en esto de contar anécdotas no puede faltar cuando le gritaba a Estrella: "¡siéntate gorda!" o cuando Zende y yo lo molestábamos con su trasero (no es por nada chicas, pero el Mau está bien dotado en ese departamento) y mi amiga y yo siempre se lo recordábamos.
Particularmente, el Mau siempre me molestó con singular alegría. Cómo olvidar el clásico: "¡saquen a la Chivis!" cuando todos en el salón estaban callados o aquélla vez que Mau escuchó que yo quería ir al baño y se la pasó gritándolo toda la clase.
Poco tiempo antes de salir de la prepa se organizó un viaje a Six Flags. En el camino Mau no dejó de molestar con "¡saquen a la Chivis!", incluso quería que me bajaran en la Marquesa. Llegando a nuestro destino nos formamos en la fila de los carritos chocones. Estrella se empezó a pelear con un chavo que le hizo una grosería, Alfredo se enojó bastante ("que me haga la grosería a mí, no a ella"); Mau vio el peligro y dijo: "yo las protejo, yo las llevo a un lugar seguro" y dejó a Alfredo solo.
Los años siguieron pasando, yo entré a estudiar ingeniería y él algo de ciencias políticas (nótese en desdén) pero eso fue impedimento para que nuestra amistad creciera. Vino su primera operación de la rodilla, yo lo visitaba y nos poníamos a ver Friends (serie favorita de ambos) y él intentaba que su perro Boss me comiera pero por suerte, no se parece a su dueño.
Esa es mi historia con el Mau, ocho años y dos operaciones de rodilla después sigo encantada con mi neurótico, enojón, molestón pero muy divertido amigo y espero que a ustedes les pase lo mismo.
Corría el año 2000 cuando entré a la prepa y coincidió que el Mau también y en el mismo salón que yo. No fue amistad a primera vista, él se llevaba con los relajientos mientras que yo era más tranquila y gustaba de quedarme a ñoñear mientras él hacía locuras.
En tercer semestre me empecé a sentar junto a él y así fue hasta terminar la prepa. Recuerdo que todos los días me hacía reír con alguna ocurrencia como cantar canciones de Paquita la del Barrio hasta el punto en que yo ya me sabía toda la letra de "Me saludas a la tuya".
Y en esto de contar anécdotas no puede faltar cuando le gritaba a Estrella: "¡siéntate gorda!" o cuando Zende y yo lo molestábamos con su trasero (no es por nada chicas, pero el Mau está bien dotado en ese departamento) y mi amiga y yo siempre se lo recordábamos.
Particularmente, el Mau siempre me molestó con singular alegría. Cómo olvidar el clásico: "¡saquen a la Chivis!" cuando todos en el salón estaban callados o aquélla vez que Mau escuchó que yo quería ir al baño y se la pasó gritándolo toda la clase.
Poco tiempo antes de salir de la prepa se organizó un viaje a Six Flags. En el camino Mau no dejó de molestar con "¡saquen a la Chivis!", incluso quería que me bajaran en la Marquesa. Llegando a nuestro destino nos formamos en la fila de los carritos chocones. Estrella se empezó a pelear con un chavo que le hizo una grosería, Alfredo se enojó bastante ("que me haga la grosería a mí, no a ella"); Mau vio el peligro y dijo: "yo las protejo, yo las llevo a un lugar seguro" y dejó a Alfredo solo.
Los años siguieron pasando, yo entré a estudiar ingeniería y él algo de ciencias políticas (nótese en desdén) pero eso fue impedimento para que nuestra amistad creciera. Vino su primera operación de la rodilla, yo lo visitaba y nos poníamos a ver Friends (serie favorita de ambos) y él intentaba que su perro Boss me comiera pero por suerte, no se parece a su dueño.
Esa es mi historia con el Mau, ocho años y dos operaciones de rodilla después sigo encantada con mi neurótico, enojón, molestón pero muy divertido amigo y espero que a ustedes les pase lo mismo.
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